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sábado, 21 de noviembre de 2015

Aparecidos, Nostradamus y percepción extrasensorial

     
   
   
     Se ha hallado una pintura rupestre de más de 15.000 años representativa del alma, simbolizada en un pájaro, abandonando al difunto; espejo ese del hidrógeno fosforado que los enterramientos emanan, muy inflamable (fuegos fatuos). Con el paso del mito al logos, el ilusorio concepto del espíritu pensante, propio de la tradición clásica griega, se parece demasiado al de una digestión sin estómago. Por ello, a quienes aseguran haber percibido en alguna situación crítica la voz de su ángel custodio, o ente cualquiera del más allá, se les podría replicar que, en efecto, posible es argüir sin materia gris apenas, como en su caso; porque confunden la parálisis del sueño con la vigilia, y tomarían el ruido de sus propias tripas por inarticulado lenguaje de un mensajero menos incierto. He leído sobre el delirante paranoide que cree distinguir proferido su nombre en un chirrido de frenos.
    La narración del que atravesó el umbral de la muerte para regresar se cifra en la visita a seres queridos, después de vivir una experiencia extracorpórea por la que flota sobre los concurrentes en el momento del tránsito. La escena del vuelo celestial recuerda a la del paciente elevado en camilla a la ambulancia, y vio la luz al final de un túnel entreabierto con sus párpados. Así, «la chica de la curva» aparece cuando durante una dilatada conducción de noche, por la falta a los órganos sensoriales de estímulos externos, la monotonía produce alucinaciones semejantes a las oníricas; supuesto que para funcionar coherentemente, el cerebro necesita motivación del entorno o se la procura, si  no el dormir, la somnolencia.




     En cuanto al profeta de la guerra mundial, seguro estoy de que al escribir Nostradamus el último verso de su tercera cuarteta: «la mayor parte del campo estará contra Hister», se refirió al Ister latino o Danubio, y no a Hitler; pues atravesando tantos países, acrecíansele las posibilidades de acertar con un escenario bélico en el segundo río europeo en fuste, cuyo delta alcanzaron los Imperios persa, alejandrino, romano, bizantino y otomano.
     La percepción extrasensorial del hombre surge de sentir extático en trances la identidad de pasado, presente y futuro, o de aunarse con algún otro distante, por la misma razón metafísica según la que cada generación es en su núcleo igual a la anterior. Entre clarividentes y telépatas, nadie puede compararse sin bochorno al perro (el cual responde del cazador al reclamo ultrasónico, ajeno a la presa como al ser humano), ni al elefante joven percibiendo infrasonidos, gracias a unos oídos con separación tamaña.

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