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domingo, 9 de agosto de 2015

¿Qué secreto sabía Colón?


   Aunque el acaso más enigmático personaje, tras Jesucristo, firmase «Columbus de Terra Rubra», no lo filiaremos, con Ernest Vallhonrat, de allá; pues, seguramente, es el cabo «de la caza» del mayor puerto natural mediterráneo, en Cerdeña eso sí—, donde se limitó a embestir como corsario en «Terra Ruja». Tal actividad sí que aceptó reconocer el descubridor.
    El ingeniero J. A. Hurtado, basándose en el Atlas de Cresques (1375), trazado cuando el Mediterráneo ya era un lago catalán, sostiene que al «genovés» (que siempre escribió en español, y ningún sitio bautizó con topónimo de «su» Liguria) se le adelantaron templarios. En aquel mapa se sitúa La Española a su distancia exacta por el paralelo de La Gomera nos dice, de donde partió Colón tres veces.
    Como los paralelos vanse estrechando hacia el polo, y el valor del grado es el coseno de la latitud (a 0º, en el Ecuador, es uno el grado; pero a los 90º, en el Polo, cero), escribiendo Colón:
    «...cada grado (...) en esta dicha carta responde catorce leguas y un sexto...», precisa J. A. que se refiere a la milla árabe (el grado a 56 2/3 millas). Pero confunde el que pasara por un islote, de los siete que fueron Bombay, paralelo por  que impulsó el monzón de verano a los árabes, con el canario. (Hállese el coseno de la latitud hindú, 19º 1/5, para multiplicarle 60 millas; resultará el grado de la carta colombina.)
    Si el propio Colón redactó:
  «Ya dije que para la ejecución de la empresa de Indias no me aprovechó razón ni matemática ni mapamundis...», ¿cómo es que en la inscripción del Atlas «licani51» ve el ingeniero la longitud de La Española desde Hierro? Significa, bien al contrario, «longitud inferiores Canarias 51»; y ésa corresponde a Boa Vista, en Cabo Verde, desde el meridiano de Rodas (casi 22º 50' más 28º 10').
  Grimoso es que aquel de quien se espera rigor científico haga numerología cabalística con los nombres «Ometepe» y «Zipango». El primero lo dieron los nahuas a tal isla no templarios por sus dos volcanes; y el segundo es sin «o», el Zipangu bajomedieval, para referirse al Japón, a la misma latitud que Rodas, prácticamente. Colón no plantó cruces de madera en cayos y bajíos como reclamo para el Temple, sino que el símbolo náutico de la cruz es el de «roca con peligro mortal» (y le encalló la Santa María).


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